Viudas (Widows): «Llorar no está en la lista”

Viudas, ¡ya en Cines!

Director: Steve McQueen

Actúan: Viola Davis, Michelle Rodriguez, Elizabeth Debicki, Carrie Coon, Cynthia Erivo, Liam Neeson, Jon Bernthal, Manuel García Rulfo, Robert Duvall, Colin Farrell

Duración: 130 minutos

★ ★ ★ ★ ☆

Sinopsis

En el inframundo criminal de Chicago, cuatro hombres mueren después de que un golpe sale catastróficamente mal. Sus viudas son forzadas a limpiar el desastre y se embarcan en un atraco propio —en el contexto de una carrera política corrupta por el alma de la ciudad—.

Cuando se anunció por primera vez, Viudas parecía un proyecto incongruente con nombres sacados de una tómbola.

¿Steve McQueen, artista ganador del Premio Turner y director ganador del Oscar, adaptando una serie de tele de ITV de los 80, basada en una novela de Lynda La Plante?

¿Qué sigue? ¿Terrence Malick trabajando en Inspector Morse? ¿Minder de Anish Kapoor?

Y sin embargo, Viudas funciona.

Hay una extraña alquimia que logra que sus partes constitutivas disparejas encajen —o al menos, que encajen una vez que McQueen las ha moldeado cuidadosamente bajo sus especificaciones—.

El resultado es una mezcla de cine de prestigio cinematográfico y entretenimiento explosivo. Para aquellos que lamentan la idiotización de los blockbusters, he aquí uno con algo que decir.

Empieza de manera sencilla e inteligente. A excepción de una toma rápida de caricias pesadas, nos lanzamos directamente a un atraco que salió mal, filmado desde el punto de vista de una camioneta que acelera, con la cámara metida entre las balas que vuelan y las llantas que rechinan.

Quizá sea una afirmación desafiante del director —quien una vez realizó una toma estática de 17 minutos en Hunger, de 2008— expresando que puede realizar acción musculosa con buen ritmo y edición rápida. Con esta evidencia, no se equivoca.

Esa secuencia inicial establece la premisa de inmediato: cuando cuatro delincuentes de carrera mueren en el atraco, sus viudas toman la batuta del crimen para realizar el golpe de su vida.

Esa es la premisa básica, pero la ambición de McQueen apunta más allá del género, dilatando su lente para incluir lo social, lo político y lo personal.

Ubicada en Chicago de 2008, el año en el que los asesinatos se incrementaron 15 por ciento, lo que comienza como una película de venganza rápidamente se expande en un tratado sobre la pobreza, violencia, corrupción y policía y lo que significa ser parte de una minoría en los Estados Unidos de hoy.

Ideas loables, quizá, pero McQueen confía tanto en su acercamiento a su narrativa que casi ni notamos las ideas que está planteando bajo los fuegos artificiales.

Hay algo de The Wire (de David Simon) en la forma en que la película cuenta un relato de moralidad tan épica, y en cómo utiliza una ciudad como metáfora pesimista y un microcosmos de Estados Unidos.

La toma más sorprendente de la película proviene de una cámara fijada al cofre de un auto: mientras se escucha una conversación ardiente sobre el poder fuera de cuadro, pasan vecindarios del sur y las calles se van transformando de unidades habitacionales asolados por la pobreza a mansiones frondosas con rejas cerradas en una emocionante muestra de narrativa visual sobre la desigualdad y la oportunidad.

Algunos podrían sentir que la política interfiere con la trama, o que los clichés de género no son transcendidos del todo (un giro, en particular, provocará debate).

Pero McQueen hace un uso indiscutiblemente efectivo y eficiente de uno de los mejores elencos de ensamble del año. Daniel Kaluuya, en particular, es frío e intensamente brillante —un asesino fríamente calculador con el andar más aterrador desde Patrick Bateman—.

Sin embargo, las mujeres son claramente las estrellas: las cuatro que estelarizan, a su manera, nos sorprenden, deslumbran y desafían. Si tuviéramos que elegir a una, sería la interpretación central de Viola Davis, quien hábilmente maniobra entre la vulnerabilidad intensa y una dureza indomable.

“Tenemos mucho trabajo que hacer. Llorar no está en la lista”, dice en su momento más frío, llamándole la atención a otra viuda por permitirse un momento emotivo.

Pero llorar sí está en la lista de la película y es casi inevitable considerando su título; sin embargo, quienes esperen una película de atracos sexy y divertida en la tradición de Ocean’s 11 deberían moderar sus expectativas.

Explorando la pérdida, la inmoralidad y todo tipo de dolores, es implacable y a veces sombría. Sin embargo, ese es el punto: como los autores crudos del Nuevo Hollywood de los 70, McQueen no va tras las emociones baratas en ésta. Él tiene algo que decir.

Veredicto

Con la ayuda de un elenco sorprendente Steve McQueen ha realizado un thriller emocional e inteligente que contempla la política contemporánea de Estados Unidos con tanta confianza como con la que provoca explosiones.

Por John Nugent

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